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Casa de Orientación, atención y prevención de la violencia de género.


Sanando tu, sano yo, sanando yo, sanas tu:


Por: Maira Elena Mora Dugarte. Directora de RedDeVida


Hablar de la violencia contra las mujeres implica reflexionar sobre una problemática tan cotidiana que toca la fibra de nuestros más profundos sentires y pensares. Porque se encuentra inmersa en muchos actos de nuestras vidas y se ha llegado a normalizar tanto que pensamos que nacimos para ser dominadas, infelices y dependientes. Que nos toca cumplir con un rol que, aunque no lo queremos, no estamos de acuerdo, lo cumplimos porque la sociedad nos lo impuso.


Desde niñas nos dijeron que nacimos para ser excelentes hijas, esposas y madres. Para cuidar del hogar, limpiar, cocinar, atender y amar a nuestros padres, nuestros hijos, nuestros esposos, a mantener un perfecto e impecable orden en el hogar, a ser una “dama” que sea bien vista por la sociedad, a ser decentes, sumisas y prudentes. A conseguir un buen esposo, que nos lleve en su caballo blanco, a un castillo donde estemos protegidas y cuidadas por él. De internalizar todo esto, se encargó Disney, con todas sus películas de princesas, en las que siempre las mujeres son rescatadas, amadas y al final se casan para poder ser felices.


Pero, ¿qué ocurre, cuando luego de logrado este sueño para el que nos preparamos toda la vida, se nos convierte en pesadilla y nuestro príncipe se convierte en verdugo, nuestro castillo se convierte en una cárcel y la convivencia se hace más y más difícil de sostener?. ¿Qué pasa si a pesar que queramos abandonar a nuestro agresor, no lo hacemos por diferentes razones: miedo a quedarnos solas, a no poder mantenernos ni satisfacer nuestras necesidades, a no poder avanzar solas con nuestros hijos e hijas y que se nos descarrilen y se conviertan en posibles delincuentes por no tener la autoridad que representa el padre para sostenerlos y apoyarlos.


Miedo a no poder estar sin el amor, sin el sexo, porque ese hombre al que le entregamos nuestra vida, nuestros mejores años, representa la única posibilidad de compañía, de sentir, de estar feliz. Porque nos dijeron que el matrimonio era para siempre, nos dijeron que, si nuestras madres soportaron infidelidades, maltratos, golpes, vejaciones, nosotras debemos hacer lo mismo porque nuestros hijos e hijas están primero y nosotras debemos sacrificarnos por ellas.


Y si nos atrevemos a pensar en nosotras y nos atrevemos a amarnos, a respetarnos, a cuidarnos nos culpabilizan y nos estigmatizan porque nos estamos desviando de los patrones sociales arraigados y trasmitidos de generación en generación.


Pero luego, cuando ocurren hechos como los dos últimos femicidios ocurridos en la el Estado Mérida- Venezuela: uno el sábado 12 de junio en la ciudad de Tovar, otro el 20 de junio en la localidad de Santa Elena de Arenales, mujeres muertas en manos de sus esposos, la gente se pregunta y ¿por qué nos matan? Bueno seguramente algunos o muchos dirán que las mujeres últimamente se están portando mal, están siendo indisciplinadas y tienen bien merecido ese castigo.


Seguro algunos y algunas dirán que es culpa del feminismo, que desde que comenzó ese movimiento ahora las mujeres ya se descarrilaron, ahora ya no les importan sus hijos, ni la familia, que es la base fundamental de la sociedad y por lo tanto es el culpable de que ocurran tantas tragedias.


Era mejor cuando las mujeres se comportaban totalmente sumisas, y estaban entregadas a sus hogares, hacían todos sus deberes sin quejarse y para ellas sus esposos eran sagrados, los amaban y respetaban hasta que la muerte los separaba. No importaba, si eran infieles, violentos, despiadados y maltratadores, porque al final tu como mujer tenías el título de esposa y podías perfectamente mantenerlo siempre y cuando te mantuvieras disciplinada y prudente. Ya llegaría el momento en que el hombre se tranquilice y deje de ser “mujeriego” total es su condición natural, todos lo son, y cuando esté viejo eso se le pasa, solo es cuestión de esperar con paciencia a que cambie.


Pero no cambian, y pasan los años, y se va la juventud, se van los mejores años de tu vida, esperando un cambio que no llega, comportándote como esa “dama” esa princesa que fue rescatada y que, a fin de cuentas, se encuentra acompañada, segura, y por lo menos tiene garantizado un techo y las tres comidas para ella y para sus hijos. Eso es mucho, es bastante, así que hay que conformarse y seguir sacrificándose para que la relación no se destruya con tus necedades.


Pero un día, algo en tu interior te dice que no es “normal” que te griten, que te digan, gorda, sucia, cochina, perezosa, cuaima, desordenada, loca, fea, vieja. Que no es normal que justifiques que cuando tu pareja llega tomado te obligue a tener relaciones sexuales queriéndolo o no porque sabes que si no lo haces se puede molestar, poner agresivo y como “no sabe lo que está haciendo porque está pasado de alcohol” quizá te pueda golpear o hasta quitar la vida. “Mejor evito y cada vez que llegue a casa luego de tomar con sus amigos, cumplo con mi sagrado deber de entregarle mi cuerpo” piensa la mujer.


Y si un día de tanto sufrir se siente derrotada, escucho por la radio, ve en las redes que existen formas de pedir ayuda, conversa con su vecina y se da cuenta que a ella le pasó lo mismo y la única forma de lograr romper con ese nefasto ciclo, es pedir ayuda. Y decide buscarla. ¿A dónde acudir?


Es allí donde nace nuestro proyecto. Porque todo lo que narramos anteriormente quizá de un modo sarcástico, constituye una realidad vivida por miles de mujeres en el mundo. Porque nos dimos cuenta que este ciclo violento no es circunstancial sino estructural y la única forma de romper con él, de sanar es a través del acompañamiento sostenido de personas con la capacidad de hacernos reflexionar y romper con esta situación. A través de todo un proceso psico-espiritual en el que te haces consiente que esa realidad en la que has estado sumida por mucho tiempo, no es normal, no es lo correcto. A través de la educación liberadora, que te permite comprender la historia del patriarcado, del machismo, del sexismo que se nos impuso desde que el mundo es mundo. Y decides dar el salto cuántico que te saca de esta situación.


Y ese salto cuántico y esa toma de consciencia implica la comprensión de una serie de elementos jurídicos, psico-emocionales, motivacionales, del pensamiento, de las actitudes, de las aptitudes, de conocimientos que permitan empoderar a la mujer desde su autoestima y amor propio, desde la necesidad de cuidados hacia nosotras mismas, desde la necesidad de pensar en un proyecto de vida que te haga sentir plena, feliz y que además permita la satisfacción de tus necesidades materiales de manera integral desde tu propio accionar.


Este es el proyecto, que hoy nace desde el seno de RedDeVida porque entendimos que de no hacerlo nuestra sociedad día a día se va desmoronando debido a la violencia presente en los hogares, hacia nuestras mujeres del barrio, de la urbanización, de la universidad, de la comunidad toda. Que hoy con la situación vivida por la Pandemia por Covid-19, son cada vez más las mujeres que han fallecido en manos de sus parejas o exparejas, que las cifras reportadas son aterradoras y se convierte en una pandemia mucho peor que el Covid-19 porque tu agresor vive contigo, y el miedo a ser víctima de femicidio está en tu vida día tras día.


Hoy 21 de junio decidimos abrir nuestra Casa de Orientación, tención y prevención de la Violencia de Género, para dar respuesta de una manera integral a esta situación y poner nuestro granito de arena en neutralizar las distintas violencias desde un tratamiento integral, holístico, comunitario, amoroso. Porque asumimos nuestro lema tomado de la cosmogonía maya, citando a la feminista Lorena Cabnal “SANANDO YO, SANAS TU, SANANDO TU, SANO YO”.


Contacto Inmediato a los siguientes números:

+58 414 7020315

+506 608 52 433





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