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La alimentación ancestral como alternativa al hambre desde la propuesta de Soberanía Alimentaria

Línea Estratégica: Ecología y defensas de la Madre Tierra

Autor: Abogado, Rubén Darío Duque Iriarte. Responsable de la Unidad Administración y Finanzas de RedDeVida.


La lógica del neoliberalismo y sus dimensiones globales, legitimada por las normativas jurídicas internacionales, se ha instaurado en todos los ámbitos de la vida, uno de estos, es la alimentación, la cual a partir del periodo expansionista colonial europeo desde finales del siglo XV en América Latina, se caracterizó por un proceso de subordinación al mercado extranjero de la producción de alimentos y su sistema de comercio, lo cual trajo consecuencias claras para nuestros habitantes originarios, que han sido despojados de sus tierras y de su cultura alimenticia desde entonces.


A pesar de la existencia de tratados internacionales respecto a los Derechos Humanos que buscan garantizar el derecho a la alimentación para todos y todas, no han sido suficientes para erradicar problemas como el hambre, mal nutrición, enfermedades y otros trastornos atribuibles al alimento que se consume, porque todo este entramado organizativo responde a una lógica de dominación que pone por encima de lo humano las leyes del mercado fortaleciendo la discriminación, las desigualdades, el colonialismo, y que pone en riesgo la propia vida en el planeta.


No obstante, estas normativas, respecto a los Derechos Humanos brindan la posibilidad de activar mecanismos de reclamo por parte de los afectados, como el sistema de Protección de los Derechos Humanos (SUDH) ello se contempla dentro de las alternativas con las que cuentan nuestros pueblos: su «cultura alimentaria» definida por la FAO (2009) como:

… los modelos alimentarios y nutricionales que forman parte de la herencia cultural de todos los grupos de personas y pueblos. El concepto también se refiere a las formas de cultivar, cosechar y preparar los alimentos y a los ritos o celebraciones asociados.


Igualmente la encontramos estrechamente ligada a la categoría de «soberanía alimentaria» que según NYÉLÉNI, (2007) “es el derecho de los pueblos a alimentos nutritivos y culturalmente adecuados, accesibles, producidos de forma sostenible y ecológica, y su derecho a decidir su propio sistema alimentario y productivo”.


En contraposición a lo definido como «soberanía alimentaria» se ha generado, un modelo de sistemas de producción, distribución y conservación de alimentos acorde a los intereses del mercado; que van en contradicción con los intereses de los pueblos nuestroamericanos término ideado por El Generalísimo Francisco de Miranda en su afán integracionista de América Latina, y secundado por José Martí en 1891 en su ensayo Nuestra América donde hace un llamado a la «Unión Latinoamericana» y a consolidar su soberanía e independencia frente a la amenaza que se vislumbra desde el norte del continente por parte del imperialismo de Estados Unidos.


Los pueblos nuestroamericanos, desde el periodo colonial expansionista europeo, han sido progresivamente despojados de su cultura alimentaria, que les permitía mantener una relación armoniosa con el medio ambiente, al igual que tener acceso a una diversidad de alimentos y nutrientes que les aportaban una dieta balanceada y saludable.

Según publicación de la FAO, Hambre cero (2017) la producción ancestral a través de sus prácticas agrícolas, son resilientes al cambio climático, pues logran por medio de técnicas sencillas adaptaciones a condiciones climáticas extremas, que detienen la erosión y se adaptan a su entorno, en consecuencia, conservan y restauran los bosques y los recursos naturales, ya que, estos son considerados no como propios, sino como una propiedad compartida que se deben preservar en el tiempo, haciendo un uso adecuado del recurso.


Nuestros pueblos originarios son guardianes de su entorno haciendo un uso adecuado, racional y ecológico de los recursos naturales y de las prácticas ecológicas milenarias, que han mantenido en perfecta armonía a grupos humanos a lo largo y ancho de todo el globo terráqueo, desde los inicios de la humanidad.


Estos grupos humanos han consumido los alimentos autóctonos que amplían y diversifican las dietas. Si comparamos la alimentación de los grupos ancestrales con la del hombre y mujer civilizada según informe de la FAO (2017), la primera diferencia esencial que se registra es que estos disponían de un número infinito de plantas nativas y de animales que le servían de alimentos, mientras que aquellos considerados como civilizados restringen esos recursos a una pequeña cantidad, además los alimentos locales se adaptan íntimamente a su entorno resistiendo condiciones extremas de sequía, inundaciones y otros factores climáticos que especies introducidas no soportarían.


Con la llegada de la colonia española en 1492 y la introducción de especies alimenticias europeas, comienza una lucha por la «cultura alimentaria» de los dominados que sólo se gana en el terreno donde las especies alimentarias autóctonas por razones de calidad, adaptación y rendimiento desplazaron a las europeas; como en el caso de la papa, maíz, cacao, tomates, ajíes entre otros. Gran parte de la diversidad alimenticia ancestral cede terreno ante los demás componentes de la dieta europea y su imposición por los grupos de poder económico colonial. El poder económico colonial está definido según Frank (1967, p.23) “La revolución comercial, que se inicia en el siglo XV, al multiplicar el capital mercantil y estimular su vocación internacionalista, vinculó la suerte de un país con la de otro, intensificando su interdependencia económica…”


La economía que las metrópolis ibéricas organizaron en América fue de incuestionable índole colonial, en función del mercado centro-occidental europeo. El propósito que animó a los productores luso-hispanos en el nuevo continente tuvo el mismo carácter. No fue feudalismo Io que apareció en América en el período que estudiamos, sino capitalismo colonial... Iberoamérica nace para integrar el ciclo feudal.

El ciclo feudal instalado por la Europa colonial corresponde a la relación Centro Periferia que comienza en estas etapas tempranas de la colonia, durante el siglo XVI, donde Latinoamérica pasa a ser productor de las materias primas que sustentan el capitalismo y la economía hasta hoy en día, Wallerstein (1974).


Continuando con Frank (1967, p.24), quien expone sobre la economía colonial: que “Si alguna característica bien definida e incuestionable podemos encontrar en la economía colonial es la de la producción para el mercado. Desde los primeros tiempos del régimen hasta sus últimos días, ella condiciona toda la actividad productiva...”


Es así como las corrientes que entonces predominaban en el mercado internacional europeo constituyen elementos condicionantes de primera importancia en la estructuración de la economía colonial. Esto es, por otra parte, característico de todas las economías coloniales, cuya subordinación al mercado extranjero ha sido y sigue siendo el principal factor de deformación y aletargamiento.


La distorsión en las economías y retraso en el desarrollo económico de los países de la periferia, en este caso desde México hasta la Patagonia condicionando su producción al mercado extranjero, respondiendo a una razón histórica de imposición de patrones de producción por parte de los colonizadores en todos los rubros y sus consecuencias en el consumo alimenticio.


Con el desarrollo progresivo del capitalismo durante los siglos XVII, XVIII y su madurez en el siglo XIX, estos patrones de producción y consecuente consumo vinieron a ser reforzados de manera sistemática por las grandes compañías de los alimentos transnacionales dedicadas a este importante sector de la producción, por supuesto que este fenómeno ha incidido directamente en la vida de la población más vulnerable y pobre del mundo, originando mal nutrición y obesidad. La FAO (2018, p. s/n) expone:


La coexistencia de subalimentación con sobrepeso y obesidad se conoce comúnmente como la “doble carga” de la malnutrición. Esta carga múltiple de la malnutrición prevalece en los países de ingresos bajos, medianos bajos y medianos y se concentra entre la población pobre. La obesidad en los países de ingresos altos se concentra igualmente entre los pobres.


No solo la pobreza, tiene consecuencias notables en la malnutrición o sobrepeso que azotan a la sociedad productora de materias primas y sobre todo a los países pobres y de ingresos medios, ya que los productos de peor calidad, menos nutritivos y más perjudiciales para la salud son los más baratos, así las personas de más escasos recursos materiales se ven obligados a recurrir a estos alimentos impulsados en la necesidad de satisfacer su hambre.


El hambre, siempre ha existido como un tema tabú para la clase dirigente y élites mundiales, cuyo origen se remonta más allá de tiempos bíblicos, ya expresada subrepticiamente en el padrenuestro según Lucas 11:3 “El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy”, porque en aquellos tiempos ya existía una gran preocupación por no pasar hambre, siendo el alimento una necesidad básica para el mantenimiento de la vida; en la actualidad encontramos que para el año 2018 según la FAO (2018, p. s/n):


Los índices globales arrojan que por tercer año consecutivo, se ha producido un aumento del hambre en el mundo. El número absoluto de personas subalimentadas –es decir, las personas que padecen privación crónica de alimentos–, ha aumentado a casi 821 millones en 2017, desde alrededor de 804 millones en 2016. Se trata de los niveles que había hace casi una década.


Por tanto, la producción de los alimentos en manos del capitalismo no ha traído solución a este grave fenómeno del hambre y la consecuente violación al derecho a la alimentación que se remonta a tiempos inmemoriales, sino más bien ha originado cambios significativos en la alimentación a nivel mundial, dejando de ser la más sana y adecuada culturalmente encontramos en el informe El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo que según la FAO (2018) “Los alimentos nutritivos y frescos tienden a menudo a ser costosos, por esta razón, cuando en el hogar escasean los recursos para comprarlos, la gente elige alimentos más económicos que a menudo son hipercalóricos y bajos en nutrientes”.


Los alimentos hipercalóricos y bajos en nutrientes, por su forma de producción, responden a la lógica de acumulación del capital, al proceso económico sin importar si estos alimentos tienen consecuencias negativas en la salud o responden a los más altos intereses de la sociedad. Según la OMS (2003, p. s/n):


Las enfermedades crónicas, entre ellas las enfermedades cardiovasculares, el cáncer, la diabetes y la obesidad, aumenta rápidamente en todo el mundo. En 2001 las enfermedades crónicas representaron aproximadamente el 59% de los 56,5 millones de defunciones comunicadas en todo el mundo, y el 46% de la carga de morbilidad mundial. Según el informe de esta organización, las pruebas científicas sugieren que un consumo excesivo de alimentos muy energéticos puede favorecer el aumento de peso y que la calidad de las grasas y los aceites que se ingieren, así como la cantidad de sal, también puede guardar relación con las enfermedades cardiovasculares, entre ellas los accidentes cerebrovasculares y los ataques cardiacos.


Nunca antes en la historia de la humanidad se han manifestado en proporciones pandémicas, enfermedades derivadas de una incorrecta alimentación como lo son la obesidad ligada directamente a la diabetes que según OMS (2016) “las estimaciones son de 422 millones de adultos en todo el mundo que tenían diabetes en 2014, frente a los 108 millones de 1980”, la cifra se cuadriplicó en este período.


Es realmente alarmante conocer estas estadísticas que llaman a una profunda reflexión, sobre qué es lo que comemos y que se esconde detrás de cada alimento, para aclarar un poco este tema se recurre a lo expuesto por la OMS (2016, p. s/n) que afirma:


La producción creciente de alimentos elaborados cada vez más numerosos, la rápida urbanización y la evolución de los modos de vida están modificando los hábitos alimentarios. Los alimentos muy elaborados son cada vez más corrientes y asequibles. Las poblaciones del mundo entero consumen alimentos más ricos en energía que contienen muchas grasas saturadas, ácidos grasos trans, azúcar y sal. Esta última es la fuente principal de sodio, cuyo crecido consumo se asocia a la hipertensión y a un mayor riesgo de cardiopatías y accidentes cerebrovasculares.


En los actuales momentos 2020 al 2021 motivado a la pandemia por Covid-19, se hace necesario mejorar la alimentación y convertirla en sana y nutritiva, que promueva el fortalecimiento de las defensas naturales del organismo humano para enfrentar el coronavirus y sus mutaciones, aunque el panorama no se muestra muy alentador porque según informe de la FAO titulado Nueva enfermedad por coronavirus COVID-19, (2021) “corremos el riesgo de enfrentarnos a una emergencia alimentaria mundial que a largo plazo podría afectar a cientos de millones de niños y adultos”.


La caida de los ingresos, el desempleo y cierre de comercios, ha traido como consecuencia no poseer los recursos necesarios para adquirir alimentos, por diversas razones se ha producido un aumento en los precios de los alimentos; tambien inclusive en países donde la inseguridad alimentaria es aguda, convirtiéndose cada vez más en un problema de produccion de alimentos.


Así, la pandemia ha venido a demostrarnos el fracaso del sistema neoliberal en la resolución de los problemas más importantes de la humanidad como son el Derecho Humano a la alimentación, el derecho humano a la salud; en este sentido alimentación y salud estan intimamente ligados a la necesidad de retomar la noción de Soberanía Alimentaria, vista como la posibilidad que las naciones y los pueblos puedan ser autonomos en la posibilidad de alimentarse desde el rescate de prácticas de alimentación ancestrales, lo cual redunda en una salud preventiva desde prácticas de curación ancestral.


Nuestros pueblos originarios y campesinos son una muestra de resistencia y de lucha por la conservación de alimentación natural, con métodos ancestrales a través de practicas como el conuco, la cria de animales y siembra en sus propias casas sin el uso de agrotóxicos y de forma natural. Es por ellos que asumimos como propuesta la necesidad de retomar este tipo de prácticas transformando esta problemática del hambre en el mundo desde practicas locales que se deslinden de la lógica del mercado que además por ser extractivista pone en peligro la vida en el planeta y promueve la destrucción de la madre tierra.




REFERENCIAS


Constitución de la República Bolivariana de Venezuela. (1999). Gaceta oficial de la República Bolivariana de Venezuela, 36.860 (extraordinaria), diciembre 30, 1999.

Toro Jiménez, F. (2001). Derecho internacional público. Tomo I. Caracas: Universidad Central de Venezuela.


Damiani, L. (2014). El modelo dialectico de la investigación social. Caracas: Editorial Trinchera.

De Sousa Santos, B. (2011). Las Epistemologías del Sur. Barcelona: Editorial CIDOB.


Frank, A. (1967). Capitalismo y subdesarrollo en América Latina. Buenos Aires: Editorial Siglo Veintiuno Editores.

Wallerstein, E. (1974). The Rise and Future Demise of the World Capitalist System: Concepts for Comparative. Cambridge: Cambridge University



Fuentes Electrónicas


FAO. (1996). Declaración de Roma sobre la Seguridad Alimentaria Mundial [Sitio Web en línea]. Disponible en: http://www.fao.org/3/w361s/w361s00/


FAO. (2007) Organic Agriculture [Sitio Web en línea]. Disponible en: http:// www.fao.org/organic/oa-specialfeactures/oa-foodsecurity/es


FAO. (2009). Colección: Agricultura orgánica, portal terminológico de la FAO Recuperado de: http://www.fao.org/faoterm/es/


FAO. (2017). Expansión futura de la soja 2005-2014. Recuperado de: http://www.fao.org/docs/up/easypol/830/soja_documento_sintesis-completo_092sp.pdf


FAO. (2018).El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo. Fomentando la resiliencia climática en aras de la seguridad alimentaria y la nutrición. Recuperado de: http://www.fao.org/state-of-food-security-nutrition/es/

FAO. (2019). Food Agriculture Organization. [Sitio Web en línea]. Disponible en: http://www.fao.org/about/strategic-planning/es/


GRAIN Organización social. (2012). Página web oficial. [Sitio Web en línea]. Disponible en https://www.grain.org/es/pages/organisation


Nyeleni, Declaración. (2007). Recuperado de: https://viacampesina.org/es/images/ stories/pdf/Nyeleni_Newsletter_Num_26_ES%20-%20Reforma%20Agraria.pdf

OMC. (2019). Página web oficial de la Organización Mundial del Comercio. [Sitio Web en línea]. Disponible en: https://www.wto.org/spanish/thewto_s/whatis_s/ who_we_are_s.htm


OMS. (2003). Informe de expertos independientes sobre dieta, nutrición y prevención de enfermedades crónicas. Recuperado de: https://www.who.int/mediacentre/news/releases/2003/pr20/es/


OMS. (2016). Reducir el consumo de sal. Recuperado de: https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/salt-reduction


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ONU. (2019). Página web oficial de la Organización de Naciones Unidas. [Sitio Web en línea]. Disponible en: http://www.un.org/es/sections/what-we-do/uphold-international-law/index.html




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